Las juventudes del proyecto Nebula celebramos nuestras primeras jornadas de convivencia y observaciones astronómicas en la aldea de Piconcillo durante el fin de semana del 11 al 13 de septiembre de 2026. Estas jornadas, las primeras de su especie entre jóvenes astrónomos en Andalucía, reunieron a socios procedentes de Cádiz, Huelva, Córdoba y Málaga, y siguen la estela de aquellas jornadas de la RAdA en Piconcillo y Fuente Obejuna durante el año 2019, cuando los socios de estas juventudes eran entonces niños.
Elegimos la aldea de Piconcillo debido al buen equilibrio que brinda a la hora de satisfacer las necesidades de un variado grupo de astrónomos, entre los que se encuentran tanto aquellos que necesitan de comodidad para el descanso al retirarse de las observaciones nocturnas como quienes lo dan todo hasta el amanecer. A ello se suma la presencia de diversas instalaciones para el disfrute y estudio de la astronomía que no se encuentran en cualquier sitio.
Nos alojamos en la casa rural las Manuelas, que disponía de la capacidad, las prestaciones y el encanto necesario para alojar cómodamente a todo nuestro grupo. Apenas a cien metros de la casa se encuentra el observatorio JD Cassini, donde se nos brindó una observación nocturna personalizada a cargo de nuestro amigo Hubert (Asociación Astronómica de Piconcillo), que no dudó en aceptar las lista de peticiones de objetos elaborada por mi (Jesús, AAC) y mejorada por Sebastián (M13). Hubert también sugirió algunas estrellas dobles cercanas a esos objetos. Fue en este observatorio donde algunos de nosotros, como Paula (AAC) y Diego (Magallanes) fueron capaces de discernir colores en algunas nebulosas, como fue el caso de la Nebulosa del Anillo, Messier 57, o la Trífida, M20. Ana (AAC) y yo no tuvimos tanta suerte. ¡Nos tocaron bastones defectuosos!
Saturno, fotografía a mano alzada con un móvil sobre el ocular. Autora: Paula (AAC)
Hubert introduce el mandato de seguir un objeto al observatorio
Ana (AAC), autoproclamada madre adoptiva del observatorio
La gigantesca montura ecuatorial de JD Cassini y su tubo de medio metro de abertura (20").
Autor: Sebastián (M13)
Ya bien entrada la noche, a eso de las 2:30 de la madrugada, y recién acabada la sesión en JD Cassini, los más fanáticos teníamos claro que seguiríamos con la observación con nuestros propios telescopios hasta el amanecer. Sin embargo, el cansancio se hacía notar; cargar el coche con los telescopios, conducir para alejarse de las luces, montar telescopios, aguantar toda la noche y deshacer todo para finalmente volver... Se antojaba poco apetecible. He aquí donde las Manuelas tiene un as bajo la manga: al estar en el extremo occidental de la aldea, casi la totalidad de las farolas se encuentran al este, por lo que el oeste quedaba a oscuras. Además, los muros del patio de la casa nos refugiaban tanto de la fresca brisa de la madrugada como de parte de la luz directa de la única farola que estaba en nuestro campo de visión, por lo que decidimos montar uno de los tres telescopios allí mismo.
Fue un completo acierto. Si bien durante el camino de vuelta a la casa creímos que la falta de apantallamiento -parapeto que previene la propagación lateral de la luz- de las farolas y su número relativamente abundante harían necesario alejarse de la aldea en nuestros vehículos, la realidad es que, desde el mismo patio de la casa, se podía ver a simple vista la estructura de la Vía Láctea. Es cierto que, si bien la luz de la aldea molestaba algo y empeoraba la observación hacia el este, el cénit y el oeste se veían excelentes. En cualquier caso, la comodidad compensaba con creces; es muy difícil encontrar un cielo tan limpio como aquel sin mancharte de tierra en lugares remotos y accidentados que amenazan con rajar las ruedas del coche.
Con el telescopio pudimos disfrutar del Saturno más nítido que hemos visto nunca, al punto de distinguir perfectamente franjas de colores en su superficie y la División de Cassini, que marcaba un cambio de tonalidad en los anillos del planeta. La noche prosiguió de la mano de otros tantos objetos del espacio profundo, entre los que se contaron la espectacular Nebulosa de Orión (Messier 42), las galaxias de Bode y el Cigarro (Messier 81 y 82) y todos los cúmulos de estrellas abiertos desde Messier 34 a Messier 38. El broche final lo colocó Júpiter y sus lunas, que necesitaron de filtros que disminuyeran su intenso brillo para distinguir sus detalles. Puesto que nos encontrábamos en la propia casa, recoger los telescopios para irnos a dormir fue un proceso mucho más llevadero y rápido de lo normal. Tanto, que Sebas y servidor aprovechamos el amanecer para desayunar antes de caer rendidos.
La segunda noche la decidimos pasar alejados de las luces de la aldea. Yo había buscado sitios apartados a los que se llega a través de caminos, si bien no teníamos claro a donde ir. Para decidirnose, Diego (Magallanes) se llevó a Sebastian de expedición, y menos mal que lo hicieron: resulta que casi todos los caminos habían sido vallados y las imágenes de google maps no estaban actualizadas. Tras ese contratiempo, decidimos probar la plaza observatorio que hay a escasos cien metros de la aldea, pero comprobamos que llegaba la luz directa de algunas farolas, lo que imposibilitaría la vital tarea de acostumbrar el ojo a la oscuridad. Decidimos, pues, probar suerte con el último lugar retirado de luces que quedaba en la lista original, el cual resultó accesible. Fue allí donde las lágrimas y la ilusión afloraron en nuestros compañeros y compañeras que nunca habían visto a simple vista la Vía Láctea de forma tan clara. Resaltaban sus cúmulos, sus nebulosas oscuras y su característica neblina, formada por millones de estrellas demasiado lejanas para distinguirlas individualmente. Un escenario perfecto para el Newton de 10 pulgadas de Diego (Magallanes), a quien le agradecemos haber aportado generosamente su equipo.
Conforme avanzaba la noche, el cielo de verano dejaba paso al de invierno, y Paula (AAC) por fin pudo ver sus preciadas Pléyades a través de un telescopio. Entre tanto, Nataly (SMA) y Javier (AAC) no quitaban ojo del cielo desde las mantas que habíamos puesto para tumbarnos y contemplar las estrellas sin rompernos el cuello. Llegadas las últimas horas de oscuridad, y cuando ya solo quedaba el grupo que volvería en el último vehículo, nos acordamos de que no habíamos tomado ninguna foto grupal. Aunque quedásemos menos de la mitad, no podíamos irnos sin ella, por lo que Sebastián desenfundó su Canon e hizo unas cuantas fotografías con la Vía Láctea de fondo. Por su lado, Ana (AAC), quien hizo gala una vez más de su característico humor, acuñó lo que ahora es nuestra mascota oficial: bildusuain 🐗, un jabalí de nombre alemán que, por lo que recuerdo de su clase magistral, debe de estar en algún lado entre Casiopea y Piscis.
Allí permanecimos hasta el amanecer. Al volver a la aldea, pudimos descansar gracias a la generosidad de los dueños de la casa, que nos ampliaron la hora de salida para dejarlo todo ordenado y limpio sin sacrificar el sueño. Tras concluir las jornadas astronómicas, justo antes de salir de la aldea, nos encontramos con Francisco Manuel Santos Álamo, el presidente de la Asociación Astronómica de Piconcillo. ¡Desde aquí le mandamos un afectuoso saludo!
Pléyades y la Galaxia de Andrómeda
Autora: Paula (AAC). Fotografía con móvil.
Autor: Sebastian (M13)
Autor: Sebastian (M13)
La experiencia que Piconcillo y Fuente Obejuna nos regaló es, en definitiva, inolvidable. Su situación y entorno, la inversión privada y pública en instalaciones astronómicas, un buen mantenimiento de las carreteras y de la aldea, y especialmente su muy oscuro cielo, lo sitúan como uno de los mejores lugares para el la observación y el turismo astronómico en la provincia de Córdoba y en Andalucía. Su potencial es enorme, y con pequeños cambios podrían mejorar notablemente y explotarlo en su totalidad: un apantallamiento efectivo de las farolas del municipio y sus pedanías, manteniendo el cálido color ámbar, y una disminución del número de farolas o de su potencia, menguaría notablemente la contaminación lumínica. Aun así, Piconcillo es ya un destino capaz de combinar un cielo oscuro con una comodidad suprema, sin tener que poner pie en ningún camino de tierra ni salir de la aldea. El poder disfrutar con los telescopios desde una casa, sin tener que preocuparse de desmontar, cargar y descargar, es un lujo y un alivio tras las noches en vela. No hablemos ya de lo cómodo que es disponer de múltiples observatorios en la misma aldea, apenas a cincuenta metros.
Los cielos de Fuente Obejuna y la observación astronómica visual muestran una alternativa a la apabullante vida moderna, caracterizada por el constante atosigamiento de estímulos y la dificultad de valorar lo que el mundo dispone. Desde Piconcillo, podrás encontrar un sinfin de cúmulos de estrellas, globulares o abiertos, de nebulosas y galaxias. Con paciencia, se pueden distinguir detalles en sus estructuras, y si tienes fortuna con tus ojos y ópticas, colores muy tenues. No es posible ver exactamente lo mismo que muestran las espectaculares fotografías de internet, en las que la luz se almacena por decenas de horas a manos de expertos astrofotógrafos, pero durante las I jornadas del Proyecto Nebula pudimos mirar al universo con nuestros propios ojos. Para muchos, por primera vez.